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Agustín
tiene 48 años
Vive en Almagro, con su esposa
y sus hijos varones de 16 y 12 años. Agustín es contador
público nacional. Es decir, un egresado universitario de
la UBA.
Cuando se recibió a los 26
años, comenzó a trabajar en un estudio contable, donde rápidamente
adquirió experiencia. A los 31 fue nombrado en el departamento
de contaduría de una prestigiosa empresa multinacional alimenticia,
como segundo en la escala de responsabilidades.
Para él y su esposa era todo
un acontecimiento que celebraron con grandes esperanzas.
Estar "apadrinado" por una gran empresa, disponer
de un sueldo excelente para ese nivel laboral y con un camino
por delante lleno de posibilidades de crecimiento.
Sin embargo, a Agustín a
los 46 años lo despidieron. Le explicaron que había una
nueva política de empleos en la empresa, y que apuntaban
a jóvenes recién recibidos.
Su inmaculado legajo, su
meritoria trayectoria, su bagaje de experiencia, no interesaron.
Claro, lo indemnizaron razonablemente, pero nada grandioso.
En estos dos años que transcurrieron,
Agustín consiguió tres "changuitas" en negro.
Le lleva los libros a dos negocios minoristas chicos, por
los que cobra $ 350 c/u. Y a una pyme de servicios relativamente
nueva, por la que cobra $ 550 mensuales.
A los $ 1.250 le descuenta su pago mensual de monotributo,
imprescindible para mantener una obra social y continuar
con sus aportes previsionales. Y le descuenta los viáticos
que cuesta su mínima movilidad.
También le descuenta, la
cantidad de sobres con cartas que envía por correo a una
inmensa variedad de empleos ofrecidos. La mayoría no tiene
nada que ver con su profesión. Pero prueba en todos lados.
Su CV está en todos los sitios de la web que ofrecen soluciones
laborales.
En la casa son cuatro los
que comen, tienen los gastos del departamento, hay dos hijos
adolescentes, que -aunque comprenden la situación y cuidan
sus gastos- deben continuar sus estudios.
Ambos chicos estudian para
ser profesionales y tener empleos dignos. Ambos chicos evitan
mirar el drama de su padre. Ambos chicos y ambos padres
evitan tomar conciencia que lo mismo les ocurre a millones
de argentinos.
Agustín es otro desocupado
más. Otro discriminado laboralmente por su edad. ¿Quiénes
ejercen la discriminación? Las empresas. Esa cosa fría que
llamamos empresas. Que no están dirigidas por computadoras
como en "Odisea del espacio", ni por entes abstractos.
Están administradas por seres humanos.
Y también existe la discriminación
laboral desde el estado. Ya sea nacional, provincial o municipal.
Durante 2006, encontramos en los diarios enormes avisos
que, con motivo de la puesta en marcha del servicio de emergencia
"911", solicitaban operadores telefónicos "menores
de 45 años". La pregunta inmediata es: ¿una mujer de
52 años o un hombre de 63, están incapacitados para hablar
por teléfono?
Tomemos conciencia: en nuestro
país no hay una cultura de la vejez. Y ello implica considerar
que después de los 45, somos todos descartables. Si el hombre
se jubila a los 65 años, y la mujer a los 60, ¿cómo sobrevivimos
hasta lograr la situación de jubilado? Claro. Suponiendo
que hayamos hecho los aportes, que no nos pongan palos en
la rueda cuando hacemos los trámites, que nos paguen lo
que nos corresponde, etc. etc.
Despreciados y con la dignidad
perdida. Con experiencia, profesionales o idóneos somos
totalmente ignorados. Nadie se ocupa. Es el país que no
queremos mirar.
¿ De qué vivimos?
O mejor dicho ¿con qué sobrevivimos?
¿ le pedimos prestado a los amigos?
¿ a los hijos si es que trabajan y pueden ayudar?
¿ Se puede vivir con tanta indignidad?
¿ Cómo solucionamos las grandes depresiones que se
observan?
¿ Cómo evitamos los intentos de suicidio?
¿ No dijeron que el trabajo dignifica?
¿ Es que nadie ve lo que pasa?
¿ Las cartas de lectores de los diarios no son leídas?
Agustín no tiene respuestas.
Compra el diario a la 6 de la mañana, y sale a buscar la
dignidad. El sustento mínimo. Agustín no es delincuente.
Ni se le pasa por la cabeza. Busca trabajo. Sólo trabajo.
Honroso trabajo. Y cuando camina por las calles, por las
avenidas, se pregunta: ¿cuántos de los que ve caminando
a su alrededor están, también, buscando trabajo?
Agustín sabe la verdad. Cientos
de miles mayores de 45 buscan trabajo en nuestra Argentina.
¿ Lo saben los funcionarios y los legisladores? No.
Los únicos que conocen la realidad, además de los Agustines,
son las empresas.
Julián Bautista
Comisión
Directiva
Asociación 50 a 60
www.asociacion50a60.com.ar
julian@asociacion50a60.com.ar
Los invito a leer:
"El país que no queremos mirar". Clic
aquí.
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