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Algunas
de las claves del sistema jubilatorio
Los claroscuros del nuevo sistema previsional hacen
pasar las decisiones por el análisis de la situación personal
de cada aportante, pero hay un tema que es común a todos:
¿cómo protegerse mejor de la inflación?
De la decisión que adopten los afiliados al Sistema Integrado
de Jubilaciones y Pensiones (SIJP) --unos 11,5 millones
de personas--, antes del 31 de diciembre, dependerá posiblemente
la suerte que corran muchas administradoras privadas, que
por ahora comenzaron tibiamente a desplegar una campana
de difusión en todo el país.
Dentro del sistema pueden diferenciarse dos grandes grupos:
el primero lo integraron los aportantes que pasaron al sistema
de reparto, siendo esta decisión de carácter irreversible
--fueron alrededor de 800.000 afiliados, con edades avanzadas,
y que no pudieron acumular más de 20.000 pesos en sus cuentas
desde 1994, cuando se instaló el sistema--.
Un segundo grupo está formado por los que se quedan en capitalización,
salvo que opten por pasar a reparto, siendo su decisión
reversible dentro de 5 anos --unos 10 millones de personas--.
Luego, hay un tercer grupo que no tiene elección, se trata
de unos 300.000 individuos, principalmente docentes, que
pertenecieron a alguno de los regímenes provinciales traspasados
en los noventa, en cumplimiento de los pactos fiscales,
al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP).
Futura decisión. El grado de información
alcanzado por los afiliados será elemental para hacer un
análisis costo/beneficio. El cambio introducido en la fórmula
de cálculo de la jubilación pública la ha vuelto más atractiva
--reconoce una prestación por permanencia del 1,50% por
ano aportado, retroactivo a 1994-- aunque no es la única
diferencia con el pasado.
Es cierto que el país atraviesa una situación fiscal inédita,
pero también es lícito preguntarse si esto continuará en
el tiempo. Al margen de quienes opten por simpatía, una
cosa parece cada vez más cierta, el grupo de afiliados que
pasaron a reparto --hombres mayores de 55 anos y mujeres
mayores de 50, con menos de $20.000 en su cuenta de capitalización--
representa un soplo de aire fresco para las AFJP. Se trata
de un grupo de riesgo, por su edad, y que además genera
bajos márgenes comisionales.
"Es una población que genera un grado de siniestralidad
mayor, y eso le generará mayor carga a futuro al Estado,
y cierta descarga al sector privado" admitió recientemente
en diálogo con este diario el vicepresidente de la Unión
de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones,
Jorge Saumell.
El esfuerzo de las AFJP seguramente estará puesto en retener
a los afiliados más jóvenes, con mayores perspectivas de
mejorar sus perfiles laborales, y a los que tengan salarios
más altos, ya que representan mayores comisiones. Claro
que como la necesidad tiene cara de hereje, probablemente
también haya administradoras que se disputen los grupos
menos atractivos.
Menos comisión. La regulación de la comisión
que pueden cobrar las AFJP por administrar los fondos de
sus afiliados --no puede superar el 1% sobre el salario
sujeto a aporte-- es otro aspecto inédito de la última reforma.
Si bien muchas administradoras venían alineándose con este
valor, es cierto que no todas tienen los mismos costos de
funcionamiento. Este fue un punto citado por algunos especialistas,
que podría impulsar fusiones entre las empresas.
Otro aspecto novedoso es que con la reforma desaparecen
las coberturas colectivas de vida e invalidez, que las AFJP
contratan a las aseguradoras. En lugar de eso, el seguro
estará mutualizado --su costo lo compartirán entre todas
las administradoras-- pero su valor se descontará de los
stocks de fondos acumulados, en lugar de hacerlo de los
aportes de los afiliados, como ocurría hasta ahora.
Esta situación, advierten desde la UADE, podría favorecer
a las firmas en actividad y frenar el ingreso de otras nuevas
al mercado, ya que estas últimas, al carecer de fondos acumulados,
deberían restar las comisiones por cobertura de riesgos
de sus márgenes de rentabilidad.
En perspectiva --sostiene la UADE--, "puede esperarse
una industria más consolidada, con algunas fusiones, clientes
más jóvenes, y con mejores ingresos promedio. También con
menores siniestros de invalidez y fallecimiento".
En cuanto a los indecisos que ingresen ahora al mercado
laboral y que la ley prevé que vayan a reparto, se estima
que las AFJP tratarán de captar primero a los que tienen
ingresos más altos y menor edad.
¿ Qué pasa con la movilidad de las jubilaciones?
Con la aprobación de la reforma previsional (ley 26.222
y decreto 313/07) se volvió a instalar el tema de la necesidad
de tener un sistema de movilidad para los haberes previsionales,
tal como la Corte Suprema recomendó crear al Poder Ejecutivo,
luego que algunas demandas en ese sentido llegaran hasta
ese tribunal.
La situación no pasa desapercibida
para muchos futuros jubilados, cuando en el país se advierte
un nuevo proceso inflacionario en ciernes. Como se sabe,
la ley dispuso que el beneficio jubilatorio se determine
a partir del promedio de ingresos de los últimos 10 años
de actividad, con tope para los aportes en 6.000 pesos,
y un "piso" mínimo de 530 pesos de jubilación.
Pero...?qué pasará en el futuro?
Es cierto que durante estos
años la jubilación mínima sufrió ajustes --superaron
el 165%, pasando de $200 en julio de 2003, a $530 en la
actualidad--, pero en todos los casos se debieron a decisiones
del presidente de la Nación, en un marco de fuerte recuperación
del superávit fiscal. Cabe preguntarse, entonces, ?qué podría
pasar si este escenario cambiara radicalmente, y para la
actualización de los mínimos se siguiera dependiendo de
una decisión presidencial? Quién puede asegurar que los
aportes al Estado, durante los 10 anos de actualización
de haberes, no terminarán licuándose, como ya ocurrió entre
los anos `70 y `80, si la inflación se desborda.
No es menos cierto que en
capitalización tampoco hay una protección explícita de los
aportes contra la inflación. Sí existe un sistema de movilidad
de los haberes alcanzado el beneficio, pero únicamente si
el afiliado contrata una renta vitalicia --tiene otros costos--.
Entonces, el sistema le reconoce
un mínimo de movilidad de sus haberes, igual al 90% de la
tasa de encuesta del Banco Central. Si no se indexan los
aportes al sistema jubilatorio, y se acelera el proceso
inflacionario, los trabajadores que no reciban aumentos
de salarios durante los últimos diez anos serán fuertemente
perjudicados en la determinación de sus jubilaciones.
La disyuntiva para el gobierno
es: no indexar y hacer correr el riesgo a los trabajadores
de que sus salarios vayan detrás de la inflación, junto
con sus aportes, o indexar en base al comportamiento futuro
de algún índice de salarios. Habría, de este modo, una regla
para determinar el beneficio, y otra para conservarlo estable
en el tiempo. Ninguna estaría exenta de representar un gasto
para el Estado, pero sería un acto de justicia para los
jubilados actuales y los futuros.
Fuente
La Nueva Provincia web
lanuevaprovincia.com.ar
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